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El cerdo ibérico es una variedad, fruto
de una cuidadosa selección efectuada a
través de la historia y desde tiempo
inmemorial con el objeto de conseguir
una mejor adaptación a las condiciones
del nicho ecológico de la dehesa.
Estas
grasas, que dan el veteado
característico, impiden además la
deshidratación y proporcionan jugosidad
y terneza a unos productos que gracias a
su presencia son considerados como de
altísima calidad.
Recientes
investigaciones han demostrado que estas
grasas tienen un beneficioso efecto en
la salud, debido a que en su composición
existen altos porcentajes de ácidos
grasos insaturados que, como es sabido,
contribuyen a la reducción del
colesterol.
El cerdo
ibérico es el animal que mejor
aprovechamiento hace de la dehesa
(ecosistema natural), consiguiendo la
transformación de los elementos
nutricionales con gran rendimiento y con
la ventaja de realizarlo de una manera
absolutamente natural y respetuosa con
el medio ambiente.
La presencia de grasa, lejos de ser un
defecto, es una característica
celosamente buscada ya que es síntoma de
auténtica calidad y garantía de salud.
La pezuña
negra (pata negra) es una característica
que no siempre es determinante de la
calidad o pureza de raza.
Desde
tiempo de los romanos se ensalzaban las
magníficas calidades de los jamones y
otros derivados del cerdo Ibérico un
animal excepcionalmente adaptado al
ecosistema donde se explota: La dehesa.
La dehesa
es una antiquísima forma de explotación
agropecuaria que fue practicada par los
iberos y celtas siendo posteriormente
perfeccionada par los romanos.
Extremadura conserva las extensiones
mayores y mejor conservadas de dehesa de
todo el mundo, y es precisamente esta
sabia combinación de pastos y arbolado,
fundamentalmente encinas y alcornoques,
en envidiable equilibrio ecológico lo
que constituye uno de los parajes con
mejor adaptación natural a la cría y
engorde del cerdo ibérico en montanera.
La encina
es la reina de la dehesa, un árbol
corpulento que puede llegar a los 25
metros de altura aunque su porte y forma
son modificados considerablemente
mediante podas selectivas para mejor
aprovechar sus potencialidades. Su fruto
es la bellota, extraordinariamente rica
en azúcares y grasas que, junto a los
pastos constituyen la alimentación más
selecta que se puede proporcionar al
cerdo ibérico, único animal capaz de
asimilar con un aprovechamiento óptimo
este ecosistema único.
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